La deposición de la huelga de hambre por parte de la mayoría de los mapuches que participaban en ella, puede generar algunas expectativas que solo se justificarían desde la lógica tradicional del que hacer político que ha caracterizado al país.
En primer lugar, sería un error pensar que si el gobierno cumpliera lo prometido de derogar la ley antiterrorista en los acápites requeridos por los huelguistas y que esta dejara de aplicárseles, el problema de la confrontación entraría en una fase de solución al menos por un largo tiempo.
Tampoco se puede esperar que la “política del nuevo trato con el pueblo mapuche” del que habla el gobierno, sin especificar sus detalles, pudiera resolver los temas de fondo, independiente de las buenas intenciones que pudiera tener el gobierno. Buenas intenciones desde su óptica, claro está.
De la lectura entre líneas a las demandas mapuches, que motivan la huelga, lo que hay de parte de los comuneros, es la convicción de que los métodos de lucha que han usado hasta el momento seguirán siendo utilizados, es decir, nuevamente surgirán protestas caracterizadas por enfrentamientos que atentarán sobre los bienes públicos y privados, por cuanto este tipo de acciones no lo consideran un acto terrorista en cuanto no van directamente contra las personas y se trata de “acciones defensivas”.
Lo que piden entonces, es la aplicación de un cuerpo legal que haga menos drásticas las sanciones por los delitos cometidos o que pudieran cometer. Ser tratados en igualdad de condiciones y que se modifique el concepto de acto terrorista. El cumplimiento de estas demandas, no resolverá, la forma ni el fondo del conflicto.
La forma, se ha caracterizado por acciones de protesta que han seguido un espiral de violencia a partir de la desproporcionada represión de las fuerzas policiales y el poco transparente tratamiento legal.
Algo no muy distinto a lo ocurrido desde la llegada de los españoles.
Amplia experiencia tenemos los chilenos, sobre todo los más viejos, que la violencia, sea del estado o de particulares genera nuevas reacciones más violentas, lo que además pudiera dar legitimidad a los grupos de siempre, para armarse y defender así, el derecho de propiedad vulnerado y que el estado no puede proteger.
Mi temor es que en vez de hallar caminos de solución reales, al legítimo problema que plantean las comunidades, se pavimente una situación en que las acciones de unos, sean interpretadas por otros como violentas y por tanto, les lleve a justificar cualquier acción en “legitima defensa”.
Al día de hoy van 84 días de huelga de hambre de un grupo más reducido de comuneros, se podrá discutir que éstos están siendo extremadamente rígidos o que estén debilitando su propio movimiento, al mantener su protesta, pero lo que no puede ignorarse, es que pese a que los medios empezaron a cubrir esta noticia solo después de transcurridos cincuenta días, como nunca antes, la cobertura y adhesión que han logrado sus reivindicaciones, nacional e internacionalmente, han sido las mayores al menos desde la vuelta a la democracia.
Sin embargo, al margen del contenido de las demandas, ha sido la forma de lucha no violenta, la que ha sumado más voluntades, dejando de esta manera al poder represivo del estado en una situación de impotencia, tal como ocurrió con el tanque chino detenido por el estudiante en la Plaza de Tiananmen.
Es interesante poner atención sobre esta combinación de lucha no violenta con la necesaria cobertura comunicacional si se quiere conseguir efectividad.
Desconozco cual será el fondo espiritual del pueblo mapuche, pero si asumimos que todo ser humano desea vivir en paz y con sus derechos protegidos no me cabe duda que esta es una vía que al menos hay que intentar.
El meollo del problema, es de más difícil solución ya que se trata de un choque de dos cosmovisiones, de dos culturas, muy diferentes.
La cultura dominante; en función del capital, su rentabilidad y su acumulación como motor de su desarrollo, que se ha expresado en diversas maneras represivas, desde la llegada de los españoles que conquistan por la violencia territorios y riquezas, para rentabilizar sus inversiones en los viajes.
Por la “Pacificación de La Araucanía” a fines del siglo 19, en que Chile necesita incorporar los territorios de La Araucanía para aumentar las superficies agrícolas del país. Como muestra, esta nota escrita en el Mercurio el 24 de Mayo de 1859 "Los hombres no nacieron para vivir inútilmente y como los animales selváticos, sin provecho del género humano; y una asociación de bárbaros tan bárbaros como los pampas o como los araucanos no es mas que una horda de fieras, que es urgente encadenar o destruir en el interés de la humanidad y en el bien de la civilización".
Finalmente, los gobiernos de la Concertación por la Democracia, que una vez conseguida la estabilidad democrática, entra de lleno a competir por mostrarle a la derecha su eficiencia en administrar el modelo de ellos.
El crecimiento, el equilibrio de las cuentas macroeconómicas pasa de ser un instrumento político a un objetivo técnico y por tanto, aséptico y no cuestionable, el que lo hace se convierte en charlatán.
Entonces es la explotación de los recursos naturales es un paso necesario para asegurar un crecimiento estable de “nuestra economía”.
Recordemos que la construcción de las represas del alto Bío Bío, fueron autorizadas durante el gobierno de Eduardo Frei R-T, y que al entonces director de la Conadi le costó el cargo por oponerse a la enajenación de esas tierras ancestrales .
O que el gobierno de Michelle Bachelet, fue el que aplicó la ley antiterrorista a los delitos por los que hoy encarcelan a los mapuches en huelga de hambre.
Es decir, ¿quien podría criticar la desconfianza histórica de los mapuches hacia los huincas.? Junto a esta desconfianza, se suma la propia cosmovisión del pueblo mapuche, en que su relación con la tierra, la propiedad colectiva de esta, la vida en comunidades familiares, sus tradiciones, el uso responsable y autosustentable de la naturaleza, son algunos de sus pilares fundamentales, sin los cuales están condenados a perder su identidad y raíces culturales y que los más concientes de ello no están dispuestos a tranzar.
Entonces, ante este claro choque de dos culturas se puede esperar al menos, algunos de los siguientes escenarios.
1.- La creación de un comité de expertos que diseñará y hará propuestas generales desde la perspectiva del mercado, que tienda ha hacerlos “más competitivos”, ignorando las irreconciliables miradas de mundo, así como, que históricamente el pueblo mapuche se ha organizado en grupos o clanes familiares autónomos y que en caso de llegar a acuerdos con unos, no significará necesariamente, poner término al conflicto. Recordemos el caso más reciente de las hermanas Quintremán, del Alto Bío Bío, las que pese a haber conseguido un acuerdo con la mayoría de los habitantes de la zona, decidieron seguir con su posición de no vender sus tierras por mucho tiempo.
2.-Mientras esta comisión debate, los Lautaro 2.0 surgidos del pueblo Mapuche y que en su paso por los libros aprendieron a montar los nuevos caballos de la modernidad y a usar sus armas, continuarán desarrollando u organizando las nuevas respuestas antisistémicas que el Estado volverá a reprimir.
En este cuadro, así como la concertación quedará inmovilizada para presentar una posición categórica, surge el espacio para potenciar la organización de las fuerzas antisistémicas que existen en el país para luchar conjuntamente por una solución definitiva ya no solo para el pueblo mapuche, si no que para el país en su conjunto.
Si queremos preservar el medio ambiente como soporte material de nuestra subsistencia como especie, es necesario tomar conciencia que no se trata solo de sustituir el petróleo por la energía eólica, solar o la que se disponga.
Se trata de cambiar los patrones de consumo; que por una parte aseguren la vida digna de millones de seres humanos del planeta y por otra, termine el derroche energético del sobre consumo de los grupos nacionales y mundiales que concentra la riqueza y las decisiones económicas locales y planetarias.
Necesitamos sumar todas las voluntades, todas las manos todas, para lograr este objetivo, no solo necesario sino urgente.
Sin embargo, no olvidemos que el fin no justifica los medios, pero éstos determinan el fín.
El desafío es doble, “El problema social es un problema de amor, no de justicia. Sin amor, las batallas por la justicia terminan en luchas feroces de lobos hambrientos que se desgarran en torno a la presa. Cuando la justicia social no es aplicada con amor, sino con la imposición y con la fuerza, se corre el peligro de cambiar unos ídolos por otros”.
Luis Alberto Vásquez M.
CHILENUEVAMENTE.
CANCION ESCRITA HACE MAS DE 50 AÑOS.
Textos revisados
Ver http://www.youtube.com/watch?v=30EHnvQxtHY
http://es.wikipedia.org/wiki/Ocupaci%C3%B3n_de_la_Araucan%C3%ADa
Ver http://www.archivochile.com/Pueblos_originarios/lucha/POlucha0015.pdf
Serafino Salvo. El Espíritu nos revela a Jesús. Pág 161 Edic. Paulinas 3° edición.